La directora general de Ganadería ha visitado esta mañana dos explotaciones ganaderas de la comarca: la de José Javier García Acevedo (en Mendóis, El Franco) y la Ganadería Mon y María Jesús SC en La Degol.l.ada (Valdés). Ninguno manifiesta especial optimismo respecto al futuro del sector, debido al incremento continuo de los costes de producción (forrajes, energía eléctrica, combustibles…) y al precio que perciben por la leche y de la carne (el de hace veinte años, dicen).
José Javier trabaja en la explotación que sus padres pusieron en marcha hace 50 años, a la que se incorporó en el año 2000, después de dejar su empleo. En la cuadra había entonces 50 ó 60 vacas las que había en casa. Hoy tiene 230 frisonas. Poco a poco ha ido incrementando la producción y las inversiones en una ganadería donde las vacas pacen en extensivo (en el prado) pero duermen estabuladas. Un robot de ordeño cumple su trabajo 3 veces al día, desde hace seis años. Y el excedente de purines se envían a la planta de tratamiento de Biogastur, en Navia. Una vaca, dice, produce al día unos 50 litros de purines. De manera que en un mes, reúne 100.000 litros de purín. El entregarlos a Biogastur tiene un coste para su explotación de unos 15 céntimos/tonelada. A este gasto hay que añadir los de combustible, forrajes, electricidad… Aun así, en breve se incorporará al negocio su hijo, de 19 años. Pero cree que es indispensable que tanto la industria y administración tomen medidas urgentes que consigan frenar el goteo de cierres al que se está viendo abocado el sector.
Ramón González y María Jesús Sánchez son los propietarios de la Ganadería Mon y María Jesús SC, en La Degol.l.ada (Valdés). Fue Ramón el que se hizo cargo de la explotación ganadera que venía de tiempos del abuelo. De tener entre 5 y 8 vacas en casa, la explotación cuenta a día de hoy con 132 animales (110 vacas frisonas, de leche, y el resto, de carne, de la raza asturiana de los valles). Cuando las cuotas lácteas estaban en vigor, la explotación producía 525.000 toneladas de leche, hoy entrega 700.000 kilos. Como en el caso anterior, denuncia los elevados costes de producción a los que debe hacer frente: la subida del forraje (que, por vivir en zona de montaña, debe comprar en importante cantidad), el precio de la luz y el del gasóil… o mandar los purines a la planta de tratamiento de Navia: y es que «pagar por deshacerse de los purines también es un gasto más al que hacer frente». En su caso, son de 95 a 100 euros al mes (3,50 euros más iva es lo que abona por cada tonelada de purín entregado). De su explotación sale una cuba de purines a la semana (con 22.000 a 24.000 litros). Con este panorama seguirán cerrando explotaciones, asegura. Y únicamente subsistirán, porque no queda otro remedio, aquellos ganaderos que como él, se han acogido a un plan de mejora, que obliga a mantener abierta la explotación durante cinco años. Él, construyó hace tres años una nave y adquirió un robot de ordeño. En el año y medio que le queda por delante, desconoce cuál puede ser el futuro de su negocio.